Creencias Limitantes y Creencias Potenciadoras

Las creencias limitantes nacen en la infancia. Desde que venimos al mundo estamos alerta a nuestro ambiente.

Somos pequeñas esponjas humanas que aprenden debido a las experiencias y las palabras que escuchan a su alrededor. Todas estas cosas influyen en la formación de nuestra personalidad e, incluso, en nuestro futuro.

Pero no precisamente por las cosas materiales que se nos dan, o de las que carecemos en la infancia. Es más por las creencias que se instalan en nuestra mente. Y por las que nos regimos durante cada día de ahí en adelante.

El diccionario define la palabra creencia como “Idea o pensamiento que se asume como verdadero”. Por eso es que según Gananci, creer en ti mismo y en tus capacidades es una de las claves que se necesitan para triunfar en la vida, porque se convierte en tu verdad y vives por ella.

Las creencias… esas cosas que pueden llevar a muchos hacia arriba o mantenerlos en una jaula. No se trata exclusivamente de las religiones, como muchos pudieran pensar, sino de algo más profundo.

Incluso los ateos creen en que no existe Dios. No creen que existe Satanás y todos los involucrados: ángeles, santos, energías provenientes de los planetas…

Cuando no estamos conscientes de que las creencias influyen directamente en el comportamiento de las personas, en sus miedos, en lo que hacen o dejan de hacer, estamos desperdiciando una manera bastante efectiva de mejorarnos a nosotros mismos y de ayudar a los demás.

Creencias Limitantes y Creencias Potenciadoras

Entonces, hablemos de los dos tipos de creencias que existen: hay creencias potenciadoras y creencias limitantes.

No podemos decir que hay buenas o malas porque, como mencionamos anteriormente, se convierten en una verdad por la que se rigen las personas que la creen.

Decir que son buenas o malas sería un juicio, así que es preferible concentrarnos en los hechos y en lo que las creencias pueden hacer por cada uno de nosotros, sin importar si estamos conscientes de ello o no.

Las creencias limitantes

Son aquellas que, como su nombre lo dice, nos limitan en muchos aspectos de nuestras vidas. No necesariamente tienen que ser malas o tomadas como algo negativo.

Todos tenemos creencias limitantes en nuestras vidas y, algunas, son necesarias. Por ejemplo: creer que robar es malo. Eso te mantiene fiel a tus valores porque evitarás a toda costa hacerlo.

Por otro lado, también hay muchas creencias limitantes que gran parte de la población tiene. Y es una de las razones principales por lo cual se mantienen en situaciones de donde quieren salir, pero algo no se los permite. Algunos ejemplos de creencias limitantes son los siguientes:

Los ricos son malos

Esta creencia -afianzada como arma política- hace que las personas sientan resistencia hacia la prosperidad y la abundancia.

Los que piensan que los ricos son malos no tratan de entrar en esa categoría porque no quieren ser catalogados como “malos”, además es mucho más fácil quedarse en la zona de confort.

Lo interesante es que si, lo ofreces regalarle 100 millones de dólares a alguna de las personas que tienen esta creencia, las probabilidades de que los acepte son mucho mayores que las probabilidades de que rechace el dinero.

Muchos quieren el resultado, pero no todos están dispuestos a trabajar por él.

“Hay que estudiar para ser alguien”

Esta puede ser una creencia limitante para muchas personas que no tuvieron la oportunidad de estudiar o, simplemente, decidieron no hacerlo, ya que los lleva a tener baja autoestima, o a pensar que no son lo suficientemente valiosos como aquellos que sí son profesionales.

Esto no es cierto, la valía de una persona no se la da sus títulos o lo que puedan poseer, sino su calidad humana.

“Soy muy viejo/joven para…”

Esta creencia es limitante porque actúa como barrera entre tú y lo que quieres. No estás muy viejo o muy joven para alcanzar las metas que te propongas.

No dejes que nadie te diga eso y mucho menos te lo digas tú mismo. Tanto la juventud como la edad avanzada pueden ser tomadas como ventajas, todo depende del cristal con que se mire.

Creencias potenciadoras

Este es el tipo de creencias que todos deberíamos instalar en nuestros cerebros, ya que nos impulsan a ir más allá.

No importa si no tuviste nadie que te enseñara este tipo de creencias cuando eras un niño, tienes la oportunidad de apropiarte de ellas ahora y usarlas a tu favor.

Algunos ejemplos de creencias potenciadoras son los siguientes:

“Soy capaz de conseguir todo lo que me proponga”

Si crees esto, no importa lo que te diga la gente o lo complicado que pueda parecer el panorama para ti, porque tienes la certeza de que puedes lograrlo.

“El fracaso no es malo”

Algunos pensarán que estás loco, pero cuando se tiene esta creencia utilizarás los fracasos como experiencias y aprendizajes, más no para engancharte a ellos y victimizarte.

El fracaso te enseña o te derrota, tú eliges qué hacer con él. El empresario y autor Robert Kiyosaki dice algo muy interesante al respecto: “No hay errores en la vida, solo oportunidades de aprendizaje”.

“Tengo todo lo que necesito para tener éxito”

Esta es una creencia que te inyecta confianza propia y autoestima, cualidades imprescindibles para alcanzar tus sueños.

Por supuesto, esto no significa que lo sabes todo, porque entre lo que tienes está la posibilidad de seguir preparándote.

Tú puedes cambiar tus creencias. Haz una lista de aquellas ideas que tú tomas como verdaderas e identifica cuáles pueden ser (o han sido) limitantes para ti hasta este momento.

Al hacerte consciente, las podrás cambiar por creencias que te impulsen hacia lo que quieres conseguir.

Autora: Edith Gomez

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