"¡Estoy Vivo y Sano!"

Tratamiento Metafísico para la Salud – Día 7

Introducción: Decretos y Afirmaciones Positivas

Lee en voz alta, entre 1 a 3 veces por día.

¡Yo (mi nombre y apellido) gozo de Excelente Salud y Soy Feliz!
¡Disfruto de una Salud Perfecta y vivo en constante Bienestar!
¡Creo Paz en mi Espíritu, Claridad en mi Mente y Salud en mi Cuerpo!
¡La Salud Perfecta es el estado natural de mi Ser!
¡Estoy rodeado de personas Saludables y Felices!
¡Estoy Feliz y Sano! ¡Vivo Feliz y plenamente!
¡La Vida sólo me pide Ser Feliz! Por eso…
¡Soy Muy Feliz, Aquí y Ahora!
¡Gracias, gracias, gracias!

Lectura del Día

Las lecciones que se pueden aprender mediante la resistencia al cambio

Todos tenemos lecciones por aprender. Las cosas que nos resultan difíciles no son más que las lecciones que hemos decidido tomar. Si las cosas nos resultan fáciles, es porque ya las sabemos hacer.

Si piensas en lo que resulta más difícil hacer, y en cuánto te resistes a hacerlo, estás enfrentándote con lo que en este momento es para ti la lección más importante.

Entregarte, abandonar la resistencia y permitirte aprender lo que necesitas aprender, te facilitará más aún el paso siguiente.

No dejes que tu resistencia te impida cambiar. Podemos trabajar en dos niveles:

  1. Atendiendo a la resistencia, y
  2. Realizando pese a todo los cambios mentales necesarios.

Obsérvate, observa tu resistencia, y luego, de todas maneras, sigue adelante.

Las claves no verbales

Con frecuencia nuestras acciones revelan nuestra resistencia. Por ejemplo:

  • Cambiar de tema.
  • Irse de la habitación.
  • Ir al baño.
  • Llegar tarde.
  • Descomposición de estómago.

Aplazar la decisión, ya sea:

  • Haciendo otra cosa.
  • Trabajando.
  • Perdiendo el tiempo.
  • Apartar la vista o mirar por la ventana.
  • Hojear una revista.
  • Navegar por una red social.
  • Negarse a atender.
  • Comer, beber o fumar.
  • Entablar o romper una relación.
  • Estropear algo: el coche, un electrodoméstico, un grifo, lo que sea.
Las suposiciones

Con frecuencia suponemos cosas que nos ayudan a justificar nuestra resistencia, diciendo, por ejemplo:

  • De todas maneras no serviría de nada.
  • Mi marido (o mi mujer) no lo entendería.
  • Tendría que cambiar toda mi personalidad.
  • Sólo los locos van a ver a un terapeuta.
  • No podría hacer nada con mi problema.
  • No podrían manejar mi agresividad.
  • Mi caso es diferente.
  • No quiero que se preocupen.
  • Ya se resolverá solo.
  • Eso nadie lo hace.
Las creencias

Crecemos con creencias que alimentan nuestra resistencia al cambio. Algunas de las ideas que nos limitan son:

  • No se hace.
  • No está bien.
  • No está bien que yo haga eso.
  • Eso no sería espiritual.
  • Si uno está en el camino espiritual, no se enfada.
  • Los hombres (o las mujeres) no hacen eso.
  • En mi familia no se hace.
  • El amor no es para mí.
  • Eso no es más que una tontería.
  • Es demasiado lejos para ir con el coche.
  • Representa demasiado trabajo.
  • Es demasiado caro.
  • Llevará demasiado tiempo.
  • No creo en esas cosas.
  • No soy esa clase de persona.
Ellos

Cedemos nuestro poder a otros y los ponemos como excusa de nuestra resistencia al cambio. Entonces, pensamos y decimos cosas como éstas:

  • Dios no lo permitirá.
  • Estoy esperando a tener una buena configuración planetaria.
  • El ambiente no es adecuado.
  • No me dejarán cambiar.
  • No tengo el maestro (o el libro o las herramientas…) que necesito.
  • El médico no me lo permite.
  • Mi trabajo no me deja tiempo.
  • No quiero caer bajo su influencia.
  • Es todo culpa de…
  • El (o ella) tiene que cambiar primero.
  • Lo haré tan pronto como consiga…
  • Ellos no me entienden.
  • No quiero que se ofendan.
  • Mi religión (o mi educación o mi filosofía…) no me lo permite.
Los conceptos sobre uno mismo

Usamos como condiciones limitativas o como resistencia al cambio las ideas que tenemos sobre nosotros mismos. Solemos decir que somos:

  • Demasiado viejos.
  • Demasiado jóvenes.
  • Demasiado gordos.
  • Demasiado delgados.
  • Demasiado altos.
  • Demasiado bajos.
  • Demasiado haraganes.
  • Demasiado fuertes.
  • Demasiado débiles.
  • Demasiado tontos.
  • Demasiado listos.
  • Demasiado pobres.
  • Demasiado insignificantes.
  • Demasiado frívolos.
  • Demasiado serios.
  • Demasiado engreídos.
  • Quizá todo esto sea demasiado.
Las tácticas dilatorias

Nuestra resistencia a cambiar se expresa a menudo de esta manera. Usamos excusas como:

  • Lo haré más tarde.
  • Ahora no puedo.
  • Ahora no tengo tiempo.
  • Robaría demasiado tiempo a mi trabajo.
  • Sí que es una buena idea.
  • Alguna vez lo haré.
  • Tengo demasiadas cosas que hacer.
  • Me lo pensaré mañana.
  • Lo haré tan pronto como termine con…
  • Lo haré cuando vuelva del viaje.
  • No es el mejor momento.
  • Es demasiado tarde, o demasiado pronto.
La negación

Esta forma de resistencia se manifiesta negando la necesidad de hacer ningún cambio, con expresiones como:

  • Si a mí no me pasa nada.
  • Es un problema que no puedo remediar.
  • La vez pasada estaba bien.
  • ¿Y de qué me serviría cambiar?
  • Tal vez el problema desaparezca si no le hago caso.
El miedo

La categoría más amplia de la resistencia al cambio es, con mucho, el miedo… el miedo a lo desconocido. Fíjate en estos ejemplos:

  • Todavía no estoy listo.
  • ¿Y si fracasara?
  • Tal vez me rechacen.
  • ¿Qué pensarían los vecinos?
  • No quiero destapar esa olla.
  • Me da miedo decírselo a mi marido (o a mi mujer).
  • No sé lo suficiente.
  • Podría hacerme daño.
  • Para eso tendría que cambiar.
  • Me costaría dinero.
  • Antes que eso me muero (o me divorcio).
  • No quiero que nadie sepa que tengo un problema.
  • Me da miedo expresar mis sentimientos.
  • No quiero hablar de eso.
  • No tengo energía suficiente.
  • Quién sabe a dónde iríamos a parar.
  • Puedo perder libertad.
  • Es demasiado difícil de hacer.
  • En este momento no tengo dinero.
  • Podría hacerme daño en la espalda.
  • Yo no quiero ser perfecto.
  • Podría perder amigos.
  • Yo no confío en nadie.
  • Así dañaría mi imagen.
  • No sirvo para nada.

Y podríamos continuar con la lista indefinidamente. ¿Reconoces como tuyo alguno o algunos de estos enunciados?

"¡Estoy Vivo y Sano!"
«¡Estoy Vivo y Sano!»

Ejercicio

  1. Haz una lista con tus propias resistencias al cambio, tomando las enunciadas anteriormente y sumando aquellas otras que se te ocurran.
  2. Lee cada una de ellas en voz alta y, tocándote la garganta, dí: «Estoy dispuesto a abandonar esta resistencia». Si te lo dices mirándote a los ojos frente a un espejo, ¡mucho mejor!

Cierre: Tratamiento de Sanación Interior

Relee este tratamiento varias veces por día.

En la infinitud de la vida, donde estoy, todo es perfecto, completo y entero.
Todas las resistencias que llevo dentro de mí, las veo sólo como algo a lo que he de renunciar.
No tienen poder sobre mí, porque el poder en mi mundo soy yo.
Como mejor puedo, me adapto a los cambios que se producen en mi vida.
Me apruebo y apruebo la forma en que estoy cambiando.
Estoy haciendo todo lo que puedo, y cada día es más fácil.
Con júbilo sigo el ritmo y la fluencia eternos de los cambios en mi vida.
Hoy es un día maravilloso, porque yo decido hacerlo así.
Todo está bien en mi mundo.

Bibliografía

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